Sobre Promesas | Gianfranco Peña Aponzá

La navidad no es en diciembre, el niño Jesús nació en febrero. Esta es la tradición en Quinamayó, un pequeño pueblo a 20 minutos de Jamundí en el sur del Valle del Cauca.

Hace más de 150 años, los antepasados de esta población decidieron aplazar estas fiestas religiosas por casi dos meses, luego de cumplidos los 45 días de la “dieta” de María, ya que en diciembre debían estar en las casas, fincas y haciendas, atendiendo a los amos y patrones. Procesiones, bailes, cantos y mucha alegría cubren las calles de Quinamayó en febrero. Allí, el Niño Dios es afro, como ellos.

Una de las matronas y promotoras de la tradición en esta población de descendientes africanos es Mirna Rodríguez, la abuela de Gianfranco Peña Aponzá, futbolista profesional nacido el 11 de julio del 2000.

Gianfranco nació y se crió en Quinamayó junto a su abuela, pues sus padres Yorley Peña y Yolany Aponzá salían a trabajar a Cali para conseguir dinero y darle un mejor presente y futuro. En su crianza también estuvo presente su abuelo Carlos Arturo y sus tíos Anderson y Carlos.

Gianfranco Peña Aponzá y su padre

En su pueblo lo conocen como “Busi”, por compartir nombre con un reconocido médico de la zona: Gian Franco Busi. Otro de sus apodos es “Mamalengua”, por su manía de morderse la lengua en todo momento.

Inició jugando al fútbol en Quinamayó. A los 10 años fue a prueba al América de Cali y desde el primer día lo aceptaron, allí estuvo hasta que el equipo cayó a la segunda división y acabó en gran parte con sus procesos de menores. Gianfranco se fue a jugar al club de Pedro Sellarés.

En 2016 tuvo una actuación destacada en el Torneo de Las Américas y le interesó a varios equipos, entre ellos Atlético Nacional y su scout Camilo Pérez quien reconoció la potencia, el talento, el juego aéreo y la habilidad de este delantero vallecaucano de perfil derecho, con 1.83 centímetros de estatura. En 2017 se mudó a Medellín y comenzó el proceso con el club antioqueño.

Calza nueve y medio en americano. “Me gusta que los guayos me queden apretaditos, no flojos”, asegura Peña. Siempre ha sido atacante, en el fútbol aficionado y en el profesional, tanto extremo como centrodelantero. Lo que más le gusta es jugar de nueve, estar cerca al arco para marcar goles.

Su proceso en Atlético Nacional comenzó con 16 años, llegó a jugar los Torneos Departamentales de la Liga Antioqueña de Fútbol y el Torneo Nacional Sub 17, en el cual quedó campeón. Tuvo una lesión que frenó su proceso pero que ha sabido superar con paciencia y esfuerzo en la recuperación. En el club verde estuvo bajo la dirección técnica de Nicolás Herazo, Hernán Darío Herrera, Nixon Perea, León Villa y Alejandro Restrepo, hoy entrenador del primer equipo.

“Me defino como un jugador muy potente, veloz, fuerte en el uno contra uno. Soy goleador”. En cuanto a selecciones, tuvo la oportunidad de jugar con la Selección Cauca, la Selección Valle y microciclo con la Selección Colombia.

Gianfranco Peña Aponzá recuerda su proceso con emoción y gratitud. “De todos los técnicos he aprendido, la verdad, todos han aportado en mi proceso”, pero entre todos destaca al profe James René, “él me enseñó muchas cosas cuando estaba en la escuela Pedro Sellarés”.

Gianfranco Peña Aponzá en Atlético Nacional

A pesar de destacarse en las divisiones menores de Nacional, junto a otros buenos jóvenes futbolistas, no encontró un lugar en el primer equipo pero tuvo la oportunidad de entrar en el convenio para ir a préstamo al Valledupar FC de la segunda división de Colombia.

En el club vallenato debutó como profesional el 19 de septiembre frente a Leones FC en partido por la fecha 8 del Torneo.

“El día del debut fue muy especial. Desde que me dijeron que iba convocado me dio una alegría inmensa, iba a cumplir mi sueño de niño, lo que tanto le había pedido a Dios”. Fue victoria. No faltaron los cientos de mensajes y llamadas de felicitación. “Fue maravilloso…”, complementa Gianfranco.

Una semana después marcó su primer gol enfrentando al Atlético Huila. Se ubicó entre los centrales y cabeceó al palo más lejano tras un centro de costado, para así romper el hielo.

En Valledupar ha compartido con jugadores que también habían sido sus compañeros en las menores de Nacional como Nelson Daniel Palacios, Juan José Uribe, Johan Restrepo, Brayan Lemos, Yair Mena, entre otros. A agosto del 2021 ha marcado 14 goles en casi 30 partidos.

“Mi sueño es llegar muy lejos en el fútbol, ser reconocido, poder jugar en Champions League y Mundiales… y con todo eso poder ayudar a mi familia”. El fútbol le ha dado grandes amigos, unos que siguen jugando y otros no; recuerda de forma especial a Dylan Ortiz, Ewil Murillo, Brayan Lemos, Sergio Mena, Yair Mena, José Estupiñán y Yílmar Celedón. “Son muchos… quisiera nombrarlos a todos pero es muy larga la lista”.

Del fútbol colombiano admira Miguel Ángel Borja y a Jéfferson Duque con quien tuvo la oportunidad de compartir entrenamientos cuando Juan Carlos Osorio lo subía a las prácticas del equipo profesional; también recuerda mucho a Wílder Medina. Del fútbol internacional admira a Messi y se fija mucho en el belga Romelu Lukaku por sus características.

Gianfranco Peña Aponzá es una realidad de la segunda división y una promesa para la élite de la primera. El esfuerzo propio y la lucha de su familia es la cuota que lo impulsa a seguir creciendo para algún febrero regresar como una de las figuras del fútbol colombiano a celebrar la navidad en familia.

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